Francisco Mangado: El buen arquitecto es capaz de elevar la realidad a otra dimensión.

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1 febrero, 2018 · 8 mins de lectura

Si le preguntas qué es lo que define su arquitectura te responde: la técnica, la belleza, la respuesta a un problema. El arquitecto profesor navarro Francisco Mangado ha ganado tantos premios que es fácil perder la cuenta. Algunos de sus proyectos han culminado en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Con él, descubrimos nuevas maneras de entender un edificio de oficinas, dónde encontrar la poética en la arquitectura, y qué hace un arquitecto global en una ciudad como Pamplona.

¿La finalidad de la arquitectura es crear una experiencia?

Antes que nada, la finalidad arquitectónica es percibir y luego dar una respuesta a las situaciones y requisitos derivados de la realidad, siempre con la voluntad de transgredirla, ofreciendo algo más a partir de los instrumentos que utiliza la arquitectura. Eso es el objetivo de nuestro trabajo. En el fondo intentamos crear algo que sea capaz de emocionar, de sugerir a partir de unas situaciones que se ofrecen como punto de partida. En este sentido se generan muchas experiencias algunas de las cuales ni siquiera están previstas por el arquitecto cuando hace el proyecto.

¿Cómo es la nueva arquitectura de España?

En mi opinión, la arquitectura siempre nace en un cierto momento e intenta dar respuestas a problemas de ese momento preciso. Por lo tanto, la arquitectura que nace con pretensiones de bondad nace a partir de las necesidades y de la realidad. La arquitectura siempre ha de tener como objetivo la creación de espacios de calidad, donde la gente puede vivir a gusto, donde pueden desarrollar sus actividades de la manera más confortable posible. No solo físicamente, sino también digamos que más espiritualmente. En ese sentido, el objetivo de la arquitectura será siempre el mismo, aunque las circunstancias hacen que los medios para hacerla, incluso las maneras de concretarla, vayan variando.

Intentamos crear algo que sea capaz de emocionar, de sugerir a partir de unas situaciones que se ofrecen como punto de partida.

El filósofo Karel Kosik dijo que las ciudades contemporáneas viven una crisis porque de ellas ha desaparecido lo poético. ¿Qué es la arquitectura poética para ti?

Decía que partimos de problemas concretos pero si nos contentamos con una arquitectura que ofrece solo respuestas inmediatas y obvias a otros problemas, quizás estamos haciendo una arquitectura correcta, pero tampoco estamos haciendo nada más. La arquitectura de la poética, para mí, es una arquitectura que emociona. Es una arquitectura que quiere transgredir, y que quiere dar una respuesta que va más allá, no inmediata. El buen arquitecto es capaz de elevar la realidad a otra dimensión gracias precisamente a la arquitectura. Algunas veces he dicho que podemos ser como magos. Y es verdad que debemos resolver problemas pero siempre de una manera muy poco mágica.

Por ejemplo, cuando estás frente a un paisaje, puedes hacer una arquitectura que mire a este paisaje, pero también puedes hacer una arquitectura que te haga mirar al paisaje de forma muy especial. La arquitectura poética hace que un determinado sitio pueda ofrecer algo que quizás no habías imaginado. La arquitectura de la poética es aquella capaz de superar lo obvio y lo inmediato, aquella que emociona, que nos hace, en cierta manera, pensar que lo construido genera un mundo sugerente.

Si tenemos que sentirnos agusto y representados en un espacio, belleza y realidad tienen que convivir. ¿Cómo encontrar el equilibrio entre los dos?

Algunas veces me han preguntado qué tipo de arquitectura hago: “¿Es una arquitectura solo de lo posible que resuelve los problemas, o es una arquitectura con pretensión de belleza, concepto este muy discutible?». Realmente debe ser eso al mismo tiempo. No se puede conseguir la belleza arquitectónica sin dar respuesta a los problemas reales. Por ejemplo la construcción en sí es un recurso fantástico para crear belleza, y la utilización de los materiales, la materialidad como concepto son mecanismos estupendos para emocionar y para ser utilizados en la adaptación al entorno. La arquitectura no busca un equilibrio entre la eficiencia o la belleza, sino que los dos forman parte de lo mismo. La buena arquitectura incluye ambas como un único objetivo. Y el buen arquitecto piensa en ambas simultáneamente formando parte del mismo problema.

El buen arquitecto es capaz de elevar la realidad a otra dimensión gracias precisamente a la arquitectura.

Los materiales naturales como la cerámica, la madera, los minerales, el hierro, el vidrio… están continuamente pidiendo que interactúes con ellos.

¿Con qué materiales te gusta trabajar?

Para mí la materialidad de la arquitectura es uno de los valores más importantes. Puedes referirte a arquitectura desde muchos puntos de vista pero es indudable que es un hecho físico, sensorial. Ves la arquitectura pero también puedes tocarla, escucharla, incluso olerla. En general todos los materiales naturales me parecen los más fantásticos. Los materiales naturales son atemporales, a veces, mal denominados como tradicionales. Responden a una tradición, pero no en el sentido de inmovilismo. Son materiales absolutamente contemporáneos. Motiva trabajar con ellos, inspirarte en ellos, dejar emocionarme por ellos. Los materiales naturales como la cerámica, la madera, los minerales, el hierro, el vidrio… están continuamente pidiendo que interactúes con ellos. Otros materiales, quizá más nuevos, no me interesan tanto porque no aceptan ese diálogo fructífero, intenso, profundamente contemporáneo con el arquitecto.

En 2012, Pamplona fue nombrada oficialmente como la mejor ciudad para vivir. ¿Compartes esta opinión? ¿Qué hace que Pamplona sea tan atractiva?

Pamplona es una gran ciudad para vivir. Hay muchos espacios públicos, y tiene la proporción de zonas verdes por habitante más alta de España. Además bien cuidados y situados en la ciudad. Esto hace que tenga calidad de vida. Se trata de una ciudad equilibrada donde los espacios públicos tienen un valor primordial. Vivo muy a gusto en Pamplona, aunque por mi condición y por mi trabajo, tendría más sentido vivir en Madrid o en otra parte de Europa. Estoy todo el día moviéndome desde Pamplona, pero aunque sea un esfuerzo adicional, me compensa. Aquí de alguna manera recargo las pilas.

¿Cómo te ha influenciado vivir y trabajar desde Pamplona?

No me ha influenciado tanto. Mi trabajo está esparcido por España y por Europa. No creo que este hecho implique ninguna influencia directa en términos de la arquitectura que hago. Sí que existe una influencia en términos de actitud, en cómo me enfrento a un proyecto. Por ejemplo, es algo muy propio de la cultura navarra la relación entre medios y fines. Tenemos un sentido de la economía poco economicista. Esta relación entre medios y recursos, es un valor muy importante en la arquitectura, de carácter ideológico.

Y, vice versa, ¿tu trabajo ha influenciado a la ciudad?

Honestamente, y sin falsa modestia, tengo que decir que sí. Lo que más ha influenciado es mi labor docente dando 30 años clases en la Escuela de Arquitectura de Pamplona. Aunque tampoco pienso que solo sea una influencia mía. Al final los estudiantes entienden la realidad como una realidad propia. Y eso tiene que ver con su cultura, con su manera de ser y no solamente con una opinión de los profesores aunque esto sea muy importante. Pero no sé si soy el adecuado para responder a esta pregunta, tal vez debería contestarla alguien más objetivo.

Estoy todo el día moviéndome desde Pamplona, pero aunque sea un esfuerzo adicional, me compensa. Aquí de alguna manera recargo las pilas.

Cuando hablamos de arquitectura doméstica, y no solamente en términos funcionales, sino también en términos de espacio, de vistas, de iluminación, de todas los aspectos que hacen que una persona pueda vivir mejor.

En Pamplona estás construyendo viviendas, mientras que en Madrid tienes un proyecto de oficinas en la calle de Josefa Valcárcel. ¿Hay mucha diferencia entre un proyecto y otro?

Cuando uno hace viviendas se tiene que tener en cuenta siempre la confortabilidad. En general este concepto es importante pero mucho más cuando hablamos de arquitectura doméstica, y no solamente en términos funcionales, sino también en términos de espacio, de vistas, de iluminación, de todas los aspectos que hacen que una persona pueda vivir mejor. La idea fundamental del edificio Metrovacesa en Pamplona ha sido esa. La confortabilidad es sinónimo, en mi opinión, de gran arquitectura de vivienda.

Aunque la oficina y la vivienda en el fondo son dos tipos distintos de arquitectura con unos requisitos y necesidades diferentes, los problemas de la arquitectura siguen siendo los mismos: cómo colocar un edificio en su contexto de forma inteligente, cómo crear espacios bellos, cómo resolver los programas funcionales, cómo crear experiencias. Como siempre, la sustancia de la arquitectura no cambia.

¿Cómo era el contexto en el caso de Madrid?

En Madrid el contexto ha sido distinto. El devenir de los edificios de oficinas se ha pensado en los últimos años desde una clave estrictamente funcionalista, obviando algunos de los valores más representativos de la arquitectura. Hoy en día el edificio de oficinas se ha convertido en una especie de caja de vidrios opacos donde la gente trabaja, una construcción casi autista sin ninguna relación con el exterior. Se ha olvidado de que durante el siglo XX las obras más significativas y representativas de las ciudades han sido la construcción de edificios de oficinas. Nosotros hemos pretendido, con un lenguaje y con unas operaciones sencillas, recuperar la importancia que ha tenido la arquitectura de oficinas en la modernidad arquitectónica.

Se ha olvidado de que durante el siglo XX las obras más significativas y representativas de las ciudades han sido la construcción de edificios de oficinas.

Sueles decir que la crisis inmobiliaria te ha enriquecido en términos de pensamiento, y en tiempo para hacer otras cosas. ¿Qué aprendiste?

La crisis se puede ver de dos maneras distintas. La primera implica una visión pesimista, por ejemplo si pensamos en los arquitectos que han tenido que emigrar o dejar de ejercer su profesión para hacer otras. Pero la crisis también ha conllevado aspectos positivos. Cuando la miramos desde una perspectiva histórica, la crisis nos obliga a reflexionar sobre la arquitectura que estábamos haciendo, y cómo adaptarla a los nuevos tiempos. Esta misma crisis nos permitió tener más tiempo y por lo tanto nos liberó en cierta manera de tensiones y visiones cortas. A lo largo de la historia todas las crisis han generado esos puntos de inflexión para mirar hacia el pasado, aprender de él, y proyectarlo hacia el futuro.

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