El dióxido de carbono, llamado comúnmente CO2 es un gas incoloro e inodoro que forma parte de la naturaleza y es indispensable para la vida en la Tierra. Forma parte del proceso de la fotosíntesis realizado por las plantas y está presente en la respiración de todos los animales terrestres, incluidos nosotros, los humanos.
El problema surge cuando la cantidad de este gas es desmedida y su presencia provoca el temido efecto invernadero, tan perjudicial para el planeta. Las fábricas, los coches, además de la quema de combustibles y la descomposición de residuos están favoreciendo el rápido crecimiento de este gas en la atmosfera. Es clave reducir la huella de carbono para volver a los niveles normales de CO2. El análisis de ciclo de vida, también llamado ACV, nos ayudará a lograrlo.
El ACV aplicado al proceso edificatorio, nos ayuda a estudiar los componentes de un edificio, desde su extracción, manufacturación, su colocación en obra, el uso que damos al edificio durante el tiempo que lo habitamos, así como en la demolición una vez terminada su vida útil e incluso la eliminación de los residuos generados en dicha demolición.
Esta herramienta nos permite cuantificar las emisiones durante todo el proceso y tomar medidas para poder reducirlas.
